lunes, 15 de marzo de 2010

La pregunta es ¿para quién seran los bombones?

Que respetar la fisiología del parto sea un tema tan poco considerado entre justamente quienes deberían tenerlo más claro es algo que no consigo entender. ¿Cuál debe ser el motivo de tales incoherencias? Andaba yo hace unos días en una isla, escuchando a algunos sabios que describían con la delicadeza de una hiladora de seda los distintos procesos hormonales i bioquímicos, determinadas intervenciones que resuelven problemas sin crear otros, investigadores poniendo números y estructurando saberes, comadres realizando rituales ancestrales para acompañar a las mujeres pariendo... y mientras me empapaba de tanta lucidez, no paraba de retumbar en mi cabeza la pregunta.. ¿si ésto es tan fácil de entender, por qué hay tanta ignorancia acerca del tema? y más lastimoso aún, tanto desinterés....

En algun momento, alguien dijo, "es que los bombones se los llevaría otro". Y entonces comprendí.
Se trata de una lucha de egos. Se trata de que hemos olvidado quiénes son los progragonistas de la historia...
Cuando nace un bebé el mérito, la valentía, el esfuerzo, la energía... más bien no lo tienen los acompañantes-asistentes-sanitarios.

Si nos paramos a pensar y a sentir que cada mujer que pare realiza una prueba enorme, una travesía hacia lo desconocido, una entrega a sensaciones corporales intensas que a veces llevan a límites insospechados... y el bebé que nace también, a su manera, muere a la realidad caliente y húmeda del útero, para nacer a la vida terrenal, lo cual no es poca tarea...
Si reconocemos a esos seres que estan realizando todo un viaje iniciático, y la sabiduría que llevan dentro, grabada desde hace milenios, nuestro lugar como acompañantes... se hace diminuto, pequeñito... casi se queda transparente.

Los bombones y las flores, señoras y señores, no han de ser para nosotros. Quien piense que con su hacer que va "a conseguir un parto mejor", ya lo está estropeando. Sólo vamos a poder mejorar algo si dejamos nuestros egos al otro lado de la puerta, si dejamos de pretender que nuestros tiempos son los correctos, si ya no queremos convencer a las mujeres que sabemos más que ellas sobre su cuerpo, y si recibimos a los bebés como grandísimas almas, más allá de un pedacito de carne para pesar y medir.

No importa si se trata de un ginecólogo, la matrona, la doula o la vecina. Lo realmente importante es cómo acunamos, como damos confianza en ese cuerpo perfecto que da a luz, cómo mantenemos silencio y respeto hacia esa mujer y su bebé. En ese caso, tal vez haya bombones para todos.